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Del origen a los Benedictinos


 

El elemento que más caracteriza la Sacra de San Miguel es su posición en la cumbre del monte Pirchiriano, un risco perteneciente al grupo del Rocciavré en los Alpes Cozie (cuya altitud es de 962 metros sobre el nivel del mar). Pirchiriano es el nombre más antiguo del monte, forma elegante del nombre Porcarianus, o monte de los cerdos (puercos), como los montes cercanos Caprasio, o monte de las cabras así como el Musiné o monte de los asnos.

En el monte hubo insediamientos humanos desde la época prehistórica. En épocas sucesivas fue fortificado por los Lígures y posteriormente por los Celtas bajo el dominio de los dos reyes Cozio. En el año 63 d.C. cuando los Alpes Cozie se convirtieron en Provincia Romana, el lugar, dada su posición estratégica, fue utilizado como zona de interés militar, « castrum ».

Desde el 569 d.C. los Longobardos invadieron y ocuparon los Alpes Cozie. Durante ese período se construyeron en el Valle de Susa las famosas « Presas Cerradas de los Longobardos ». Estos alzaron murallas y torres a lo largo del valle guiados por su rey Desiderio y su hijo Adelchi, cuando se agruparon para resistir a la entrada en Italia de Carlomagno, rey de los franceses. En el 773 d.C. estos últimos, vencedores de la batalla de las Presas, conquistaron la zona y permanecieron hasta el 888 d.C., cuando los Saracenos invaden los Alpes occidentales, dominando durante unos ochenta años.

LOS BENEDICTINOS

Al final del siglo X San Giovanni Vincenzo, un discípulo de San Romualdo, empieza aquí su vida eremítica. La elección del lugar fue debida a la imponencia, la predisposición a lo sagrado del monte Pirchiriano y la existencia de una colonia de ermitaños en el monte Caprasio.

En los albores del año 1000 irrumpe, en la vida ermitaña de Giovanni Vincenzo, un personaje que busca la redención de un pasado discutibile: se trata del conde Ugo de Montboissier, rico y noble señor de la Alvernia, que había ido a Roma para pedir la indulgencia al Papa. Este último, como forma de penitencia, le concede la elección entre un exilio de 7 años o la construcción de una abadía. Fue en los años 983-987 cuando se comienza la construcción del monasterio, cedido después a la custodia de cinco monjes benedictinos.

Gracias a la iniciativa de Ugo de Montboissier y con el reclutamiento sistemático de abades y monjes en Alvernia, sobre el monte Pirchiriano se desarrolla un punto de reposo para peregrinos de alto nivel social, casi un centro cultural internacional.

El deseo de autonomía existe desde el comienzo de la historia del monasterio, preocupado de evitar la jurisdicción de los obispos de Turín: en concreto, en el siglo XI los monjes, con su abad más famoso, Benedetto II, se ponen a favor de la reforma central romana. Conseguidas pronto la autonomía y la independencia de la autoridad temporal y de aquella del obispo, la abadía, gracias a su intensa hospitalidad, favorece los intercambios de tipo práctico y de profundo significado espiritual, que contribuyen a la creación del patrimonio común de una gran civilización religiosa. Durante este período la Sacra extiende las propias posesiones en Italia y en Europa, sobre las cuales ejerce derecho espiritual, administrativo, civil y penal.

Desde los orígenes hasta la primera mitad del 1300 el monasterio vive el período más floreciente con la guía de los abades benedictinos, siguiendo después medio siglo de decadencia.
En el 1379 la mala gestión del abad Pietro de Fongeret, induce al conde Amadeo VI de Savoia (el conde Verde) a pedir a la Santa Sede la abolición de la figura del monje abad, sustituyéndola con la del comendador. Con la nominación del comendador empieza la agonía del monasterio: desde el 1381 al 1622 los monjes fueron gobernados por priores, mientras que los abades comendadores, siempre lejos del monasterio, disfrutaban de las rentas. Uno de ellos, el cardenal Mauricio de Savoia, en el 1622 convenció al Papa Gregorio XV a suprimir el monasterio, habitado sólo por tres monjes. Las rentas que se usaban para mantener a los monjes fueron destinadas a la construcción de la Colegiata de los Canónicos de Giaveno, que heredaron de los monjes desaparecidos los deberes hacía el monasterio: ellos se encargaron del cuidado y el servicio del santuario hasta el 1629. Así llegó el final de la Orden benedictina de la Presa, tras una vida de más de seiscientos años.

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